sábado, 28 de julio de 2012

Caminaban alrededor de la playa, intercambiando besos y palabras. Olas nacían y olas morían. Se tomaban de la mano, se reían y callaban. Ella tenía unos ojos miel que brillaban con el sol de ese atardecer. Él tenía unos ojos castaños, casi verdes, la agarraba de la cintura y le besaba su boca. Casi inseparables, pero independientes. 
Seis meses después éstos eran muy buenos recuerdos... para llorar. ¿Por qué tenía que acabar? El invierno la invitaba a los cafés en su sillón para ahogarse en sus llantos. La persona con los ojos más hermosos que alguna vez pudo amar se fue muy lejos. ¿Por qué sentía el abandono como si fuera un gran pozo y ella estuviera ahí, sin que nadie la pudiera salvar? Se fue lejos, si. Quizás a otro continente, pero las ganas de ser libre y no depender de nadie se sentía bien. 
Ella decide ir a caminar. Si lloraba, la acompañaba el viento. 
Y allí se encontraba, sentada debajo de un árbol escribiendo algo que quizás pasó en alguna vida, en algún corazón. Tratando de encontrarse a si misma. Fue en ese momento cuando levantó la mirada y se encontraba un chico que logró llamar su sensible corazón... ¿podré alguna vez enamorarme tanto hasta que el mundo lo vea de todos colores? Pensó. 

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